CONTRACTURAS MUSCULARES


       Se originan por
la pérdida de elasticidad de las fibras musculares provocando como consecuencia un acortamiento de las mismas. Esto nos produce un malestar (un dolor) que puede durar entorno a un par de días, pero si no se tratan y se mantiene, es muy frecuente que con el tiempo vuelvan a originar ese malestar u otro en una zona próxima.
      Esto hace que las articulaciones sufran una mayor tracción de lo que están acostumbradas y pierden cierta movilidad, al principio poco pero con el tiempo una mayor.


       Se suelen producir por varias causas:
una contracción brusca e involuntaria; por un movimiento repetitivo mal realizado y forzado (coger peso desde el suelo sin flexionar las piernas); por una postura incorrecta mantenida en el tiempo (sujetar el teléfono con la oreja y el hombro, estudiar con la cabeza muy agachada); el stress; la ansiedad o por un estiramiento brusco de un grupo muscular (realizar un ejercicio físico intenso sin haber preparado anteriormente al músculo (calentamiento).

      Si este síntoma perdura en el tiempo, a la persona le afectará de una manera considerable, limitando su movilidad y aumentando un debilitamiento muscular, llegando incluso a afectar la realización de las actividades de la vida diaria.

       Para poder detectarnos si tenemos una contractura muscular palparemos la zona, sintiendo partes más duras y sensibles a la presión que otras, o incluso sensación de escozor interno o un malestar al realizar los movimientos.

      Por ejemplo si se origina en la musculatura de la espalda puede aparecer dolor irradiado hacia el pecho, hacia un costado o a lo largo de toda la espalda. Si la contractura se localiza en la musculatura del cuello pueden aparecer dolores de cabeza, mareos ocasionales, sensaciones de hormigueo y adormecimiento en dedos de las manos (parestesias) o debilidad muscular en los brazos.


       Existen dos tipos de contracturas:
           * Cuando se está realizando el esfuerzo:
Es debido por la acumulación de productos metabólicos en el interior del tejido muscular. Es decir, en condiciones normales la sangre oxigenada llega a los músculos y elimina las sustancias tóxicas resultantes. Pero si hay un movimiento brusco, inesperado, los vasos sanguíneos no se encuentran preparados para recibir el aporte de oxígeno y eliminar las sustancias de desecho y se colapsan, dando dolor muscular.
           * Cuando aparecen después de acabar un esfuerzo: Es a consecuencia del estiramiento excesivo de las fibras musculares dando lesiones en los tejidos o en las articulaciones y/o del cansancio extremo de la fibra muscular que no está entrenada al ejercicio. También puede ser por la alimentación inadecuada de los deportistas (falta de glucógeno).

       El tratamiento básico
para las contracturas musculares se basa en reposo, aplicación local de ultrasonidos, electroterapia, termoterapia, masaje descontracturante y estiramientos musculares trabajando amplitudes articulares.
El masaje es uno de los elementos más útiles para aliviar el dolor de las contracturas y recuperar la movilidad de los músculos. Actúa de dos formas: en primer lugar evita que se formen adherencias en el foco inflamatorio, y puede eliminar las de formación reciente, y en segundo lugar, la fricción que proporciona el masaje aumenta el flujo sanguíneo, lo que favorece y acelera la reparación de los tejidos.
 

     Para prevenir las contracturas musculares,
hoy en día tan extendidas en toda la población, debemos de adoptar una correcta postura en todo momento evitando:
   *
Coger peso sin doblar las rodillas.
   * Tirar del carro de la compra.
   * Llevar un peso en un lado de la espalda, sin repartirlo en ambos hombros.